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Vista: Color oro intenso con brillos ámbar.
Nariz: Notas de levadura de flor atenuada por intensas notas de oxidación, muy complejo. Notas de caramelo tostado, con recuerdos a mazapán, salitre, almendras, avellanas y nueces garrapiñadas.
Boca: Entrada seca y con volumen. Con un punto salino. Poderoso paso de boca, largo y untuoso con notas de madera noble. Final cítrico, con fuerte persistencia de frutos secos.
Solera fundada en el 1852 y botas construidas en 1851 en la antigua Bodega La Honda, destinada a la elaboración de los vinos finos y “finos amontillados”. En un momento clave en la historia de la sociedad Duff-Gordon, regentada por la viuda de Thomas Osborne, Aurora Böhl y Larrea que emprende una ampliación del negocio adquiriendo en 1857, varias naves de bodega y de tonelería, entre las que se encuentra La Honda. ¿Qué vio Aurora en estas soleras? ¿Acaso eran vinos especiales? Podría tratarse de aquellos vinos mal fortificados cuya crianza biológica los afinó y volvió más delicados. Por otra parte, en los años ‘10 del siglo pasado, la solera se componía de 10 escalas cuando se vendían finos muy pasados y recios. Sin embargo el consumidor comenzó a demandar vinos con un paladar más suave, la casa decidió lanzar al mercado un nuevo fino extraído de la quinta escala de Fino Honda, dando origen así a nuestro Fino Quinta, buque insignia de Bodegas Osborne.